viernes, 24 de marzo de 2017

Cómo ayudar a nuestros hijos en su periodo de adaptación al nido

Cuando estuve en la búsqueda de un nido para mi hija mayor, me interesaba encontrar un lugar que contara con un proceso de adaptación amigable y sobre todo respetuoso de los tiempos que tiene cada niño para afrontar esta nueva etapa. 
Ir al nido conlleva su buena cuota de emociones, tanto para los padres como para los niños. Para un pequeño, el ingreso a un nuevo entorno preescolar, lleno de maestros y niños desconocidos, puede causar mucha ansiedad. Los padres podrían tener emociones encontradas acerca de si su niño está preparado para el preescolar por considerar que son muy pequeños para iniciar este etapa. Al inicio también tuve mis dudas al respecto, pero con mi esposo concluimos que el nido ofrecería muchos beneficios a nuestra hija ya que es un excelente lugar para que los niños interactúen con pares y aprendan lecciones de vida valiosas, como saber compartir, esperar su turno y seguir reglas. 
Muchas veces los padres dudan si dejar sólo a su hijo desde el primer día o acompañarlo inicialmente. Es importante no sólo que el niño adquiera seguridad, sino que los papás tengan la seguridad y se sientan tranquilos de dejar a sus hijos en el lugar escogido ya que esta sensación y confianza se la transmitirán al niño, incluso sin querer. Hay que recordar que los niños pequeños pueden captar las señales no verbales de sus padres y si como padres nos sentimos culpables o preocupados por dejarlos en el nido, probablemente lo perciban.
Si el primer día de clases, el niño muestra resistencia o se niega a participar en la clase, no hay que molestarse, ya que esto empeora la situación. Debemos tener mucha paciencia en este proceso y tratarlos con cariño. Para esto, es importante que para los primeros días de clases se busque la estrategia adecuada para lograr la adaptación del niño, ya que no todos requieren el mismo proceso. Algunos niños se quedan solos y tranquilos desde el primer día, otros buscan el apoyo o la presencia de mamá, papá o de su nana, de ser el caso. Una buena estrategia podría ser dejar al niño por horas, sin pretender que haga el horario completo, así se irá feliz y es bastante probable que quiera regresar al día siguiente.
En el caso de mi chinita mayor, me sorprendió mucho al ver que se adaptó rápidamente al nido y en menos de una semana me dijo "chau mamá". Debo confesar que a mí me costó mucho más hacerme la idea que se quede sola y cuando ella se despidió de mí tan fácilmente me puse a llorar en el auto jajajajajaja.
Algo muy importante que debemos considerar es nunca irnos a escondidas. Aunque parezca tentador, marcharse sin despedirse puede hacer que los niños se sientan abandonados; por otro lado, una despedida prolongada solo podría servir para reforzar la sensación del niño de que el nido es un lugar malo. Un ritual constante y predecible de despedida puede facilitar la salida, incluso podríamos valernos de objetos que ayudan a la transición, como una foto familiar, un muñeco especial o una manta favorita.
Ya sea que el peque se muestre entusiasmado o reacio a ir al preescolar, sería ideal que al entrar al nido un miembro de la escuela esté al alcance para ayudar en el traspaso del niño hasta el salón. Algunos niños tal vez vayan corriendo al encuentro de sus compañeros, mientras que otros podrían querer unos mimos en privado y un cuento de alguien que los cuide antes de unirse al grupo.

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