jueves, 23 de febrero de 2017

Soy una mamá de peso...¿y qué?

Desde niña siempre tuve el tema de ser “gordita”, pero cuando uno es niño no sabe de esas cosas o al menos no debería saberlas ni tener importancia, pero en mi caso era un tema de conversación recurrente en mi familia: el maldito peso. Mis padres siempre han pretendido que sea delgada y su “motivación” para bajar de peso consistía en comentarios que a medida que iba creciendo me dolían mucho, de hecho era cotidiano escuchar cosas como “se te vería mucho mejor si fueras delgada”, “estas subiendo de peso”, “¿segura que te vas a comer ese pan? ¿No deberías estar a dieta?”.

Debo reconocer que casi toda mi adolescencia y mi vida adulta, me he sentido acomplejada de cómo me veo, siempre hay algo en mi aspecto que no termina de gustarme, me ha pasado inclusive cuando estaba en “mi peso ideal”, creo que nunca me he aceptado y querido tal como soy, lo cual reconozco que está mal y es algo que de hecho NO le quiero enseñar a mis hijas.

Desde hace unos años atrás vengo “luchando” contra el sobrepeso, la primera vez que “gané la batalla” estaba por ingresar a estudiar mi maestría, luego de casi dos años de tratamientos por un supuesto tema de tiroides ¡perdí  18 kilos!, evidentemente tenía mucho menos sobrepeso que el que tengo ahora y ante los ojos de los demás y los míos me veía divina, “saludable” y me sentía bonita. Quise aprovechar y hacer un cambio radical completo así que me corté el cabello chiquitito, de hecho era otra persona y estaba irreconocible, hasta compañeros de la universidad que me veían después de tiempo no me reconocían. 

A mediados del 2007, cuando ya iba en el segundo año de la maestría, empecé a ganar peso, hasta antes de salir embarazada de mi primera hija en el 2012, había subido casi 30 kilos razón por la que tuve que tener mucho cuidado de no subir en exceso durante el embarazo y de no desarrollar una diabetes gestacional que pudiera hacer complicado mi embarazo o parto. Con ayuda de mi nutricionista subí sólo 6 kilos y pude estar tranquila. Después de dar a luz bajé 13 kilos pero con el sobrepeso que ya tenía, no lo consideré un gran logro. 


Actualmente tengo 35 kilos de sobrepeso si consideramos mi peso actual con mi “peso ideal”, ese bendito peso que nos sacan en cara por todos lados y que a muchas mujeres nos atormenta. Alguna vez (varias en realidad) me he deprimido por ser gorda, incluso he llegado a pensar más de una vez que mi esposo me podría dejar, he sentido vergüenza de desnudarme frente a él y eso es producto de mis demonios personales y también por las palabras que alguna vez un hombre me dijo que en resumen eran algo como que si seguía así de gorda mi esposo me podría dejar, que a los hombres lamentablemente les atrae lo físico y que debo arreglarme para que me vea bonita…definitivamente esas palabras no hubieran hecho mucha mella en mí si no hubieran salido de la boca de mi padre (y si por cosas del destino papá estás leyendo esto, tranquilo, sé que no querías herirme, que lo que buscabas era motivarme y en el fondo me pedías que me cuidara por mi bien, ¡te quiero!).

Gracias a Dios, tengo un marido maravilloso que me ha demostrado que su amor va más allá de mi peso, que él me ama por quién soy y que ante sus ojos soy hermosa (varias veces me ha dicho: “me gustaría que te mirarás a través de mis ojos para que sepas lo hermosa que eres”). Es justamente gracias a su amor y apoyo incondicional que he podido empezar el camino de aceptarme y de quererme como soy, de darme cuenta que mi felicidad no depende de los kilos menos que pueda tener o de llegar a mi “peso ideal”. No quiero que me mal interpreten y piensen que con este post quiero hacer una apología a la obesidad, lo que trato de decirles es que como muchas mujeres he perdido tiempo viviendo triste por no aceptarme, por pensar que mi valoración como persona depende de una cantidad “x” de kilos o una talla cuando NO es así, no debe ser así. Hace unos días encontré un artículo que creo llegó a mis manos cuando más lo necesitaba porque decía que estar en tu “peso ideal” no se refiere a ese número en la balanza sino que se trata de estar sanas, contentas y cómodas con nuestro cuerpo.

Como padres debemos dar el buen ejemplo a nuestros hijos de enseñarles que vivir saludables no es matarse de hambre sino que implica aprender alimentarse de manera balanceada (un postre o una fritura de vez en cuando no es un pecado mortal), a tratar de llevar una vida que no sea sedentaria, de no depender de la aceptación de los demás sino estar bien con nosotros mismos y sobretodo debemos de enseñarles que la belleza va más allá del aspecto físico porque no es cuestión de peso ni de medidas.

Ahora, estoy sufriendo las consecuencias de mis malas decisiones alimentarias porque el año pasado me detectaron diabetes, es por ello que decidí cambiar mis hábitos de vida teniendo una alimentación más sana -repito NO es matarse de hambre- y de volver a los deportes. Esto va más allá de una razón estética (que no voy a negar también existe algo de eso porque me quiero sentir cómoda conmigo misma), lo hago porque quiero vivir muchos años con mi esposo y mis hijas sin generarles preocupaciones sobre mi salud; quizás no vuelva a entrar en unos jeans talla 30, pero eso definitivamente ya no me quitará el sueño.  


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